jueves, 29 de enero de 2009

Huidos y Guerrilleros: Escapando de los lobos.

¡Viva la vida!
¡Viva el mundo!
José Herrera Petere.
"Cumbres de Extremadura. Novela de Guerrilleros"

En Agosto de 1936, las tropas de los generales sublevados contra la República, entran por el sur de Badajoz, llevándose por delante las frágiles defensas improvisadas por el Gobierno y las Milicias Populares.
A lo largo de su camino a través de la Ruta de la Plata, dejan un rastro de cadáveres que sin embargo no es más que el comienzo de la orgía de sangre que las fuerzas “de orden” van a desatar en todos y cada uno de los pueblos ocupados.
El día 11 la columna de Castejón conquista Mérida a sangre y fuego. El 14 le tocará el turno a Badajoz.
Los militares sublevados, curtidos durante la guerra de Marruecos en la dominación por el terror, aplican sus conocimientos en su camino hacia Madrid.

Para el día 17, fuerzas de la legión, requetés, falangistas y guardia civil, ocupan Alburquerque y San Vicente de Alcántara. Los días siguientes se apoderarán de Villar del Rey, Puebla de Obando y La Codosera. Además de las fuerzas que se mantienen en los pueblos, en el término de Alburquerque hay retenes militares en Dos Hermanas, La Gallina y Guadalla.
Mucha gente huyó al campo y quienes se sabían señalados como izquierdistas cruzaron la frontera con Portugal o acompañaron a los milicianos que el coronel Puigdengolas, desde Badajoz, había mandado para prevenir algún intento de ocupación por parte de las tropas que se habían sublevado en Cáceres.

Muy pronto, Guardia Civiles y falangistas comienzan los paseos, sobre todo después del paso por la zona de una de las “Centurias Negras de Castilla” que organiza la Falange local con un grupo de guardias al mando de Agustín Ramos, “El Rubio”, y los militantes locales de Acción Popular, muchos de los cuales ya se habían señalado durante el bienio negro en la represión de los sindicatos.



Durante las primeras semanas algunas de las personas que han escapado, vuelven creyendo en las promesas vertidas por las nuevas autoridades, de que nada tienen que temer. Esa equivocación costará la vida a muchas de ellas. Las detenciones comienzan inmediatamente, y unas semanas después, los asesinos del “Campanillo” ya campean por toda la comarca.
En Alburquerque, según las declaraciones de “gentes de orden” durante una de las operaciones de “depuración” de empleados municipales, las tropas habían descubierto, al tomar la población, el listado de militantes socialistas en los locales de la Casa del Pueblo. Esa no era la única fuente de la que disponían para la localización de aquellas personas que procesaban “ideas disolventes”. Poseían también los informes personales que el gobierno de la CEDA había ordenado confeccionar a la Guardia Civil en 1934 y la colaboración de personas de orden que sirvieron a la causa como “Comisión de la Limpieza” de la que nos habla E. Santos en “El Secretario”:

“La mayoría de los huidos capturados eran ejecutados en el mismo lugar en el que eran encontrados. Mujeres y niños eran rapados dejándoles solo un mechón en lo alto para atar a ellos un lazo rojo. Los paseaban por las calles y les aplicaban purgantes de aceite de ricino… Hubo este tipo de desfiles en todos los pueblos. Valencia de Alcántara, San Vicente y Alburquerque. Mujeres atadas con una larga soga, caminando en hilera con sus hijas de cinco o seis años, con las cabezas afeitadas, el lazo rojo y las ropas rasgadas. Los verdugos con látigos, fustas y palos propinándoles constantes golpes y obligándolas a decir en voz alta “Somos comunistas”. Muchachas violadas y fusiladas. Rapiña de todo tipo. Una especie de “Comisión de la limpieza” determinaba quienes deben desaparecer entre los que no han huido”.

En este contexto de terror impuesto por los sublevados, un numero importante de huidos comienza a concentrarse en torno a Mayorga y Azagala. Eran jornaleros, yunteros, pastores, albañiles, gente humilde que en muchos casos había estado comprometida con organizaciones sociales y políticas afines al Frente Popular. Militantes de las JSU, del Partido Socialista, militantes comunistas, de la FNTT

En "El Secretario", E.Santos nos dice que los evadidos fueron agrupándose gracias a la información que les transmitían pastores y cabreros, que además les facilitaban datos sobre la represión en la zona y los accesos más seguros a la sierra. (7.3.09)

El testimonio de J. Barroso, que estuvo en la sierra unos meses, nos dice que en una de las salidas que hacían desde la sierra y pasando por Valdecarnero (Km. 22 de la carretera entre Alburquerque y San Vicente de Alcántara) vieron un prado lleno de cadáveres, sobre una lancha que servía para trillar y muy cerca de un riachuelo.(8.2.09)

Un pequeño grupo de personas llegan a la zona desde Badajoz. Según Justo Vila: “Por el Puente de Palmas y el Vado de La Molineta logran escapar de la matanza dos mil quinientos o tres mil pacenses, buscando el otro lado de la frontera o subiendo hacía Alburquerque”. E. Nelken nos dice al respecto: “… cuatro muchachos (de los que estaban en la sierra) habían sido fusilados en una de las ejecuciones en masa llevadas a cabo por los fascistas en Badajoz. Los fusilaron en el cementerio; luego rociaron los cuerpos con gasolina y les prendieron fuego.
Pero en aquel momento cayó una lluvia torrencial que apagó la hoguera y cuatro “cadáveres” que milagrosamente habían quedado con vida, se salvaron”(añadido 3.2.09)





Eduardo Pons Prades añade información sobre las primeras semanas de vida en la sierra: “Al enterarse (Hermenegildo Bautista “El Morao”) de que en otra de las sierras, la de Azagala, había gentes en las cuevas, los tres compañeros (estaba con el Palomo y El Guerrina) cambiaron de refugio y allí encontraros a un reducido grupo de guerrilleros mandado por Francisco Correa “El Teto”, que protegía a doscientas y pico personas. Eran huidos de San Vicente de Alcántara. (añadido 4.2.09)

A finales de Agosto habían tomado el Castillo de Azagala y alzado en él una bandera roja que se mantendría, a pesar de las represalias y los ataques, durante más de seis meses.
Cuando está terminando el mes de septiembre de 1936, hay un grupo constituido de unas sesenta personas. Por entonces comienzan a organizarse para la resistencia frente al acoso de falangistas y guardia civil. Crean tres grupos comandados por Francisco Correa Silvero “El Teto” (UGT-FNTT de San Vicente de Alcántara), Hermenegildo Bautista “El Morao” (JSU de Alburquerque) y Mariano Flores, un viejo sindicalista que ya había pasado por la cárcel tras las huelgas revolucionarias de 1917 y 1934, y que en el momento del alzamiento militar era alcalde socialista de Talavera la Real.

E. Santos nos informa de como fueron organizandose:
"De esta forma surgieron grupos de guerrilleros que en un principio pasaron las necesidades físicas y morales que son de suponer: hambre, sed y el cielo por cobijo.
Pero una vez que esos hombres consiguieron algunas armas, a veces procedentes de sus emboscadas contra sus perseguidores, llegaron a ser temidos... Los primeros jefes que eligieron lo fueron siempre por la capacidad física e intelectual que aquellos demostraban. Se impusieron entre si una férrea disciplina que nunca quebrantaron. su fidelidad a la República se mantuvo decidida y entusiásticamente. Los jefes lo eran sólo por la estrategia a seguir pero la vida en común la mantenían sin diferencias ni escalas" (añadido 7.3.09)

El testimonio de JM. Torres (en blog F. Pilo) nos habla de un grupo de mineros de Peñarroya que habían llegado a Badajoz con la misión de volar los puentes sobre los que tendría que pasar la columna de tropas africanas. Son especialistas en manejo de explosivos y voladuras.Una parte de esos mineros, logra escapar del ataque de regulares y legionarios, cruzan el Guadiana por Talavera y terminan refugiándose en la sierra de Alpotreque.

Por las fechas es probable que sean parte del grupo de milicianos que acompaña a Mariano Flores. (Añadido 30.1.09)


Por otra parte, el testimonio de los hermanos González Soto en el 2003 nos decía que Patricio Santos, vecino de Alburquerque, fue uno de los huidos a la sierra. Patricio era armero y manejaba bien la dinamita. Fue una de las personas que se dedicó en Azagala a fabricar bombas rudimentarias con latas de conservas.(añadido 11.2.09)

El testimonio de R. Cuellar en “Los niños republicanos” nos da cuenta además de que no solo había hombres en la sierra. Su grupo eran cinco personas de entre trece y quince años. Tres muchachos y dos muchachas. Se unen a los huidos en Mayorga. Los dos mayores se quedan allí de enlaces, las niñas y el más pequeño son llevados a Atalaya que consideraban más segura. Rafael es sobrino de Mariano Flores. Parte de los huidos se desplazan para no quemar demasiado a la gente que les apoya. Algunos van hacía el sur, a la sierra de Monsaluz entre Almendralejo y Barcarrota, donde están concentrándose gran numero de refugiados.

Los huidos construyen chozos junto al castillo. Sus primeras acciones son de supervivencia, que era lo que les había llevado allí. Requisan alimentos y enseres que precisan para seguir adelante. En ese contexto se produce el asalto al cortijo de los Melara, conocidos terratenientes y significados derechistas de Puebla de Obando. Se produce un tiroteo en el que muere un falangista y un guerrillero. El grupo ha dejado de limitarse a sobrevivir.

Algunos huidos llegan en septiembre desde el otro lado de la frontera donde los trabajadores del campo e incluso algunos guardiñas les han ayudado a sobrevivir. Entre ellos llega “El Prim”, militante de las JSU de Roca de la Sierra, rebautizado “El Fusilado” por sus compañeros de la sierra, por haber sobrevivido a un fusilamiento.En cuanto a este tema un informe consular portugués dice: Confidencial- Proc. 3/36. Al Mº de Negocios Extranjeros. Badajoz 30 de agosto. Portugueses indeseables. Muchos de los portugueses que con armas en la mano colaboraron con los marxistas locales o provinciales, en las luchas registradas aquí hace pocos días o fueron muertos en combate, o fueron fusilados y algunos huyeron a Portugal, especialmente a Villamaior, otros a Santa Eulalia; también se dice que los guardias fiscales de los puestos de Azeiteros y Ouguela, muestran simpatía por los comunistas españoles (…) Cónsul.(añadido 4.2.09)

Se incorpora al grupo Valentín Morales Boyero, un carabinero que había estado en el puesto de La Codosera. Desde que llega a la sierra sus compañeros de infortunio asumen su liderazgo porque es el único que tiene alguna idea de cuestiones militares.

Este ministerio… ha resuelto promover al empleo de Sargento al Carabinero de la Comandancia de Badajoz, agregado a la de Valencia, don Valentín Morales Boyero, por su distinguido comportamiento en diversos hechos en que ha tomado parte con motivo de la sofocación del movimiento sedicioso… (Gaceta de la República. 19 de febrero de 1937) (añadido 3.2.09)


El testimonio de J. García que estuvo en la sierra hasta el 16 de Febrero de 1937 nos cuenta que el grupo de Morales había de diez a veinte personas y que en la sierra pudo haber hasta 700. Al comienzo solo tenían unas cuantas escopetas pero fabricaron bombas con latas de tomate y por un tiempo los fascistas pensaron que tenían armamento pesado.

E. Nelken nos dice que: "había 500 personas en la sierra, unos 380 hombres, 80 mujeres y unos 40 niños. La partida se dividió en seis compañias dirigidas por un jefe militar que era carabinero y un delegado político, hombre culto y resuelto que es quien me ha referido esta extraordinaria aventura"(añadido 3.2.09)


Se especializaron en construir proyectiles con plomo fundido requisado de las instalaciones de los cortijos y preparaban rusticas bombas con latas de tomate, trozos de herraduras, clavos y dinamita. El día en que estrenaron esas bombas, rechazando un ataque de falangistas y requetés, nació la leyenda de los cañones de Azagala.

El testimonio de los hermanos González Soto nos aporta un detalle curioso sobre el lanzamiento de esos artefactos, nos cuentan que practicaron y perfeccionaron impulsarlas por medio de improvisadas catapultas, para las que utilizaban el material que más había en el monte: Chaparros. (añadido 11.2.09)

E. Nelken nos habla también de la organización de la guerrilla en Azagala: “La partida estaba minuciosamente organizada en secciones.
Había una sección de zapatería para la confección y arreglo de calzado; una sección de sastrería que confeccionaba toda clase de prendas con géneros requisados; otra de barbería; una enfermería regentada por un practicante y surtida por el botiquín del castillo de Piedrabuena; y cada sección tenía su cocina servida por un cocinero y su ayudante.
Pero la sección principal era naturalmente, la de armas y municiones. Armas no faltaban: en este sentido los asaltos a castillos, coches y cortijos solían ser fructíferos, en cierto cortijo de los campos de Macías, pertenecientes a un miembro de la familia Muguiro, se encontró por ejemplo, una provisión abundante de rifles, escopetas y pistolas.
Las municiones se fabricaban con los más imprevistos ingredientes. En un principio utilizaban para fabricar pólvora, carbón y clorato. Cuando escaseó el clorato se les ocurrió requisar cohetes de los que se usan en ciertos pueblos para ahuyentar palomas, la pólvora negra del cohete para las escopetas y en dinamita para las bombas que se confeccionaban con los boliches dorados de las camas. Para las balas el procedimiento era sencillamente fundir tubería de plomo de las casas”. (añadido 3.2.09)



Para proporcionarse víveres, ropas, armas y municiones –según nos cuenta E. Nelken- practicaban dos clases de requisas; la voluntaria, entre los trabajadores del campo que vivían en los alrededores, y la forzosa, que se practicaba al enemigo, mediante el asalto a coches y cortijos. Lo más interesante que nos relata la periodista republicana es el asalto al Castillo de Piedrabuena: “Así ocurrió en el castillo de Piedrabuena, guardado por cuatro guardias civiles que fueron fácilmente puestos en fuga. Aquel asalto fue de los más fructuosos. En el castillo de Piedrabuena, soberbio edificio de doscientas habitaciones, se encontraron entre otras muchas cosas, 58 cajas de pitillos y 48 de puros; ocho sacos de latas de conservas, dos cajones de botellas de coñac y un botiquín completo”(añadido 3.2.09)

A mediados de octubre explotan en San Vicente y Alburquerque media docena de bombas. El mismo Queipo de Llano en una de sus violentos discursos en Radio Sevilla, amenazó a los guerrilleros de Azagala. El ayudó a difundir el mito de los cañones. “A esos salteadores marxistas de la Sierra de Potrenque me los voy a merendar cualquier día de estos, aunque los rusos, según parece, les hayan enviado cañoncitos”.

Sobre la información que llega al exterior, resulta interesante la nota publicada en el diario laborista británico "Daily Herald" proveniente de la agencia Fabra y recogida el 30 de marzo de 1937 por "La Vanguardia" de Barcelona. Hablaba de: "La formidable lucha que deben sostener los ejércitos de Franco contra las bandas de guerrilleros republicanos que hostilizan, día y noche, las líneas enemigas. En toda Extremadura, estas bandas de guerrilleros actúan con gran intensidad, dificultando el abastecimiento, impidiendo el transporte de tropas, saboteando los trabajos del campo".(añadido 14.2.37)


El testimonio de C. Díaz nos dice como los individuos del "campanillo" dejan de fusilar al amanecer en el cementerio porque los guerrilleros bajaban de noche hasta allí y habían tiroteado el camión en alguna ocasión. A partir de estas fechas fusilan cuando ya es de día.(Añadido 31.1.09)

El 28 o 29 de octubre atacan la estación de Herreruela.
Este es el relato de Lázaro:
"A las diez de una mañana atacaron veinte guerrilleros rojos la estación de Herreruela. Protegían su acción, interceptando las posibles vías de socorro, otros dos grupos. Los empleados escaparon y se escondieron. el tiroteo fue breve; las bajas, escasas. Los guerrilleros destruyeron todo cuanto les fué factible destruir, lo mismo en el edificio de la estación que en las instalaciones de vía y obras. Flores cargó en las bestias una buena provisión de chocolate, bacalao, arroz y otros géneros, para variar el menú de los guerrilleros. Como andaba completamente destrozado se puso un traje del jefe de estación y le dejó sus andrajos"

E. Santos en "El secretario" confirma la acción pero desmiente un tanto el tono épico con el que Lázaro narra los acontecimientos. Los guerrilleros llegados a medianoche tomaron todas las provisiones que pudieron, con la colaboración del jefe de estación, e inutilizaron las comunicaciones telefónicas y telegráficas de la estación. Agustín Ramos en el proceso contra "El Teto" asegurará que destrozaron en el asalto la mesa de aparatos de telégrafo y teléfono. (añadido 7.3.09)

E. Nelken nos cuenta que el asalto a la estación de Herreruela fue como respuesta al fusilamiento en Alburquerque de un numeroso grupo de presos. Y efectivamente, entre el 4 y el 27 de octubre hay 12 personas inscritas (y eso es solo una parte de la represión, como ya hemos visto anteriormente) como fallecidas por causa del “movimiento nacional” en el registro de Alburquerque. Son los mese de las “sacas” desde la ermita-baile del Rosario. (añadido 3.2.09)



Unos días más tarde atacaron la finca de los Garay, bien defendida por guardia civil y falangistas.

Por estas mismas fechas En el kilómetro cuarenta y dos de la carretera de Valencia de Alcántara a Badajoz y sitio conocido como Puerto de los Conejeros, los guerrilleros emboscaron una estellesa cargada de falangistas matando cinco de ellos y hiriendo a cuatro más. Y unos días después matan a un falangista de Alburquerque en el sitio llamado Pedrogil.

La actividad de los grupos organizados en la sierra pasa por su momento más álgido. Por las mismas fechas incendian una camioneta cargada de corcho en el kilómetro 22 de la carretera de Valencia a Badajoz, matando al chofer y al falangista que lo acompañaba. Lázaro nos cuenta en “Guerrilleros de Extremadura” que en esa ocasión estaban esperando al “Campanillo”, para deshacerse de Agustín Ramos.
Tras ello fueron a los cháncales de Monroig, de donde se destacó un grupo de unos catorce hombres y llegados al cortijo enclavado en las proximidades, secuestraron al dueño vecino de Alburquerque A. M., exigiéndole 2000 pesetas por su rescate, por lo que este mando a un criado a por ellas y las pagó, lo pusieron en libertad, y al salir de los canchales se llevaron cinco cabras, las que se comieron esa noche en la sierra de Enrique, pasando al siguiente día a la Sierra de los Santiagos, donde se unieron a las partidas del castillo de Azagala (E. Santos)

En noviembre el núcleo más organizado de la guerrilla de Azagala cuenta con unas 140 personas. Cuentan con piaras y almacenes de víveres. Llegan a tener unos 80 caballos. Cinco mujeres de una familia se unen a ellos, escapadas desde La Roca de la Sierra, donde el cabo Esteban iba a fusilarlas después de haber hecho lo mismo con sus hombres.


A lo largo de noviembre, mientras las columnas de legionarios y regulares se daban cuenta frente al Madrid del “No Pasaran” que ser “novios de la muerte” exigía también sus propias vidas y no sólo las del prójimo, las fuerzas que se habían ocupado del control del partido judicial de Alburquerque, entran en un proceso de aceleración represiva. Es uno de los meses más cruentos de toda la guerra. Entre los días 3 y 27 se pueden contabilizar 45 personas asesinadas y registradas tan sólo en la cabeza de partido. Fusilamientos en el cementerio y en los campos, vejaciones de todo tipo, violaciones, robos impunes… La orgía de sangre es tan brutal que se dan casos como el de G. Prado, falangista de San Vicente, que se quitó la camisa azul y la tiró a la cara de los asesinos, abochornado por lo que estaban haciendo…(añadido 3.2.09)

A principios de diciembre una columna de unos 800 hombres ataca a los guerrilleros por las minas de La Ahumada. Divididos en tres grupos, a la izquierda los requetés, a la derecha los falangistas y en el centro la Guardia Civil. El castillo de Azagala es defendido por unos 50 guerrilleros comandados por el Valentín Morales. El resto dividido en tres grupos toman posiciones entre los canchales de los alrededores del castillo. El primer ataque es rechazado con ayuda de las bombas fabricadas allí, huyen los requetés, los falangistas y por último la guardia civil. Dejan sobre el terreno cuatro muertos y se llevan numerosos heridos. Vuelven tras poner orden entre sus filas y la lucha se prolonga durante todo el día. Hay numerosas bajas entre los asaltantes y los guerrilleros se hacen con material de guerra abandonado.
Para evitar repercusiones en la moral de la población los heridos son trasladados fuera de la comarca, a Mérida y los muertos son sepultados clandestinamente. Pero el resultado del ataque se difundió de todas formas por las poblaciones cercanas de donde eran muchos de los que se refugiaban en la sierra. La guardia civil hace público en los pueblos que se ha acabado con los bandidos del Rincón de la Zagala.

Se une al grupo Miguel González Bueno, de Villar del Rey. Fundador y presidente del la agrupación socialista local. Había sobrevivido también a un fusilamiento en el puente de los Cinco Ojos. Tras curar las heridas escondido cerca del pueblo pasa a Portugal desde donde volvería.

Hacía el 16 o 17 de diciembre cortaron las líneas telefónicas de Alburquerque y San Vicente con otros pueblos y llenaron las calles de manifiestos del PCE que había pasado un enlace desde territorio republicano.

En estas fechas, se produce un bombardeo de aviones portugueses que Agustín Ramos y dos señoritos han ido a contratar a Lisboa. La suma para que se produzca es de 20.000 duros. El testimonio de J. Barroso nos cuenta que: Una mujer llamada Cristina que vivía en la calle Antón de Alburquerque avisa a los huidos de que se va a producir el ataque. Los refugiados se desplazan hasta otra finca que se llamaba “El Rincón”, a unos dos kilómetros de distancia, poniéndose a salvo de los bombardeos de Albarrazuelo, El Prior y el Castillo de Azagala. Los aviones contratados por Ramos eran unos seis.

Hay testimonios en Alburquerque que nos hablan de al menos dos bombardeos diferentes.

Por la noche de ese mismo día Queipo vuelve a hablar de ellos por Radio Sevilla:”Cuando a mi se me hinchan las narices se acaban los atrevimientos de los marxistas. Los desarrapados de la Sierra de Potrenque pasaron a mejor vida. El facineroso Flores, ese alcaldillo de Talavera la Real, que se atrevió a sentenciar a unos terratenientes por si habían o no habían dado dinero para el movimiento nacional, ha sido despanzurrado por una bomba de nuestra aviación. Era lo que se merecía. Se acabaron los rojos del Potrenque… ¡Cuando a mi se me hinchan las narices!”
Al día siguiente reunieron a “las rojas” en las plazas de los pueblos para trasladarlas a identificar los cadáveres que sin embargo no encontraron. J. Barroso nos cuenta que sin embargo detuvieron a "Chaparro" que había quedado aislado del grupo. Un falangista de Alburquerque lo ató a un arbol y lo mato a golpes.(Añadido 1.2.2009)

Al día siguiente del bombardeo, -nos relata el informador de E. Nelken- seguros de que allí no quedaba nadie con vida, fue un destacamento de fascistas, si bien, como medida de precaución, obligaron a entrar delante a unas pobres mujeres de chozas cercanas.
¡Ni un solo cadáver! Chasqueados hicieron lo que se había previsto: prendieron fuego a las tiendas… con lo cual estallaron las bombas (ocho bombas que habían dejado ocultas los guerrilleros en una tienda coronada por la bandera republicana) y les hicieron cuatro bajas. (Añadido 3.2.09)



El día 20 ya estaban los guerrilleros de vuelta en Azagala. El grupo más sólido contaba con unas 250 personas.

El 24 de diciembre se presentan en la explanada del castillo de Azagala cinco hombres que han pasado las líneas. Se les conocía como “Los Invisibles”. Tres eran extrémeños, los otros dos voluntarios de las Brigadas Internacionales. Su fama les precede. Nadie los había visto pero todo el mundo conocía sus acciones. Una mañana aparecía muerto en cualquier pueblo un falangista de nota. Sobre el pecho un papel. Los invisibles. Otro día aparecía derrumbado un puente. En el petril, con letras rojas: los invisibles. Otro se encontraban los habitantes de un lugar con un manifiesto que alguien había introducido por debajo de las puertas. Pie de imprenta: los invisibles.
Esos hombres instruyen militarmente a los huidos y ayudan a organizar los grupos. A partir de este momento cada movimiento del grupo está planificado.
En el testimonio de R. Cuellar se habla de “Los invisibles” como de un grupo de doce personas. Tres de ellos extrémeños.

En torno a "Los Invisibles", rastreando la prensa de la época hemos localizado una noticia sobre ellos en la que se nos dan cuatro nombres:
RASGO DE HONRADEZ (El Pueblo Manchego. Corresponsal en Don Benito) 9.11.36
Los camaradas Francisco Muñoz Morales, Ismael Minaya Verdú, Miguel Cadavieco y Diego Horrillo, pertenecientes al grupo "Los Invisibles" entregaron en este comité una onza de oro que encontraron en la vía pública envuelta en un sobre. El rasgo de honradez de estos bravos defensores de la causa del proletariado, está siendo muy elogiado por todos, habiendo, además, recibido las falicitaciones de este comité y una gratificación en metálico. Que cunda el ejemplo y tenga muchos imitadores deseamos. FIRMA: Cornejo. (Añadido 21.4.09)

Muestra de que las acciones de los guerrilleros están haciendo mella en la seguridad de los poderosos locales es que en enero de 1937 Falange Española tiene montado un dispositivo de vigilancia de establecimientos dentro del casco urbano de Alburquerque.

La prensa republicana recoge en enero noticias sobre la resistencia de Azagala, un articulo de “La Vanguardia” del sábado 16 de enero de 1937 así lo hace: “Se presentó (en las líneas republicanas) Juan Domínguez Enrique, joven socialista de Carbonita, provincia de Cáceres, con un fusil y las municiones que había conservado de las operaciones de defensa de Badajoz. Vino acompañado de Leonardo González, obrero evadido de Cordobilla. Ambos cuentan datos interesantísimos. Parece ser que dos mil ochocientos infantes nuestros están refugiados y admirablemente parapetados en el vacío de Sagala, en la torre de Petrique, término de Alburquerque. Hay entre ellos un teniente coronel, un capitán de carabineros, guardias de asalto, un banquero de Badajoz y cuarenta mujeres. Dicen que han sostenido combates furiosos con el enemigo en tres ocasiones y les han hecho muchas bajas. Parece ser que el enemigo está concentrando fuerzas en Cáceres para rendirles.
Dos detalles interesantes en referencia a este texto, puramente propagandístico. El conocimiento por parte de los guerrilleros, ya en los primeros días de enero, de los preparativos de los sublevados para batir la sierra, y la presencia anecdótica y casi surrealista de un banquero en la sierra. (añadido 14.2.09)


A finales de enero la guerrilla ataca un tren con tropas y material italiano a tres días de marcha de sus posiciones originales en la sierra. Usan dos cargas de trilita para volar la locomotora y hacerlo descarrilar.

Elizaveta Parshina, brigadista rusa que lucha junto al grupo guerrillero adscrito a la XI brigada internacional nos ilumina en sus memorias sobre la actividad de los grupos guerrilleros durante este periodo de la guerra. A mediados de febrero de 1937: "Nos llegaban informaciones sobre el traslado de las tropas enemigas al norte. Sus intenciones todavía no estaban claras. En los últimos días se habían producido intensos combates cerca del río Jarama donde los fascistas intentaban cortar la carretera que unía Madrid con el sur. En estos combates no había participado el cuerpo expedicionario italiano. Hacíamos muchas conjeturas sobre dónde podían estar los italianos, pero en cualquier caso debíamos impedir su traslado por ferrocarril....
Recibieron la orden de empezar: "La guerra de los raíles" (añadido 6.3.09)

La situación por estas fechas es ya muy complicada. Unos días despues de que fuera atacado el tren, el grupo mata a un cabo de la Guardia civil hiriendo gravemente a un brigada del mismo cuerpo en el lugar conocido por Rincón de La Zagala. Segun la información de Lázaro los guardias y un grupo de falangistas estaban haciendo una operación de limpieza entre los trabajadores del campo que habitaban en los alrededores cuando fueron emboscados por el grupo guerrillero.

Solo una fuerte concentración de fuerzas sirvió a las fuerzas sublevadas, nos lo cuenta E. Nelken: “Concentraron en los pueblos más de 2.000 hombres; retiraron todo el ganado hacía la raya de Portugal; establecieron un cordón de caballería que iba de Zapatón a Alburquerque, y de Alburquerque a Codosera; y ordenaron con amenazas de penas severísimas que todo aquel que estuviese en el campo se presentara en el pueblo antes de las 48 horas, y que todas las casas y chozas que en los campos hubiese, permanecieran abiertas y con bandera blanca.
La partida así acorralada, hubo de levantar el vuelo” (Añadido 3.2.09)




El 20 y 21 de enero de 1937, se reciben en el cuartel general de Franco, los informes referentes a la ocupación de la sierra de Alpotreque por parte de las tropas sublevadas. La toma de la zona es desarrollada por unidades llegadas desde Cáceres y Badajoz, el coronel gobernador militar comunica desde el cuartel general establecido en Zangarrón, que en el amanecer del día 20 inician los movimientos combinados, ocupando durante la jornada Albercón, Magdalena y Casa Liebres. La columna de Badajoz encuentra un campamento abandonado por la población huida a la sierra. Al parecer precipitadamente, puesto que recogen numerosos efectos, municiones e importante numero de ganado. El día 20, no obstante, queda aún buena parte de la sierra por ocupar.
El día 21 los facciosos han establecido el cuartel general en Casa Liebres. Y las tropas ocupan durante la jornada el resto de la sierra. Las fuerzas de Badajoz vuelven en su totalidad a sus bases y las de Cáceres quedan tan sólo un contingente de guardias civiles y falangistas con ametralladoras para consolidar el territorio ocupado.
En el cuartel general de Franco, se observa: “Que feliciten a las tropas”

La cronología que nos establece esta comunicación, genera un problema de fechas. ¿Dónde están varios cientos de personas huidas a la sierra entre en día 21 en que las tropas franquistas toman la sierra y el día 4 de febrero en que llegan a territorio republicano?
La posterior consolidación de la sierra por parte de los guardias y la falange, no parece haber sido bien administrada. El núcleo operativo de la guerrilla pasa a la zona leal, pero la guerrilla, como se verá, sigue actuando y los grupos de huidos permanecerán presentes durante toda la guerra. (añadido 14.2.09)


Nueva documentación parecen aclarar al menos en parte estos datos confusos. Una vez más en El Pueblo Manchego, del día 20. 1.37. "En Castuera se han presentado gran número de fugitivos del campo faccioso. En nuestras posiciones de Castuera se han presentado en el día de hoy (ayer) ciento diez hombres con cuatro fusiles, once mujeres y cuatro niños, procedentes de la Sierra de Alpotreque" Todo parece indicar que la retirada se dio en varias fases, dividiendo el grupo en partidas, que como nos aseguran los testimonios, estarían compuestas por setenta u ochenta personas. Un guia estaría a cargo de cada grupo, y el camino podría haber sido Alburquerque- Sierra de Yelbes- Don Benito (añadido 21.4.09)


A primeros de febrero los guerrilleros de la sierra de Alpotreque guiados por “Los Invisibles” se ponen en marcha camino de territorio republicano. Una columna fascista intenta detenerlos cercando la sierra. Tiroteos entre los militares sublevados y las avanzadillas guerrilleras. El asedio duró 24 horas (nos cuenta E. Nelken); durante la lucha, cuarenta hombres intentaron una salida que fracasó y sólo diez de ellos regresaron a sus posiciones originales. Finalmente aprovechando la noche y la niebla logran romper el cerco.(añadido 3.2.09)

Mientras la retaguardia hace frente a los atacantes sin ceder terreno, el grueso de la columna guerrillera llega a Sierra Estena.
A los treinta minutos de haber llegado allí comenzó una balacera que provenía de un contingente llegado desde un cortijo cercano. Treparon hasta lo alto del monte desde donde sostuvieron un tiroteo que duró varias horas… E. Nelken nos cuenta que: “Poco a poco su numero había ido disminuyendo para mayor desembarazo de movimientos, habían despedido a casi todas las mujeres con los niños; solo quedaban con ellos, las que no podían volver a sus pueblos respectivos, donde hubieran sido fusiladas sin remedio” (añadido 3.2.09)

Los hermanos González Soto, en sus testimonios coinciden en que la columna se vió envuelta en una balacera con tropas de regulares, pero nos dicen que la columna resultó seccionada y que allí murió mucha gente.(añadido 13.2.09)


De madrugada perseguidos por regulares emprenden de nuevo camino hacía La Sierra del Pajar. Atravesaron las líneas en la zona de Santa Amalia. A medianoche del día 4 de Febrero cruzaron el río Búrdalo. A las dos de la mañana llegaba la columna a Medellín. Pasaron el puente romano sobre el Guadiana unos 200 guerrilleros tras seis meses de resistencia y sabotajes en la retaguardia enemiga.


La versión de E. Santos es diferente y está basada en el diario de uno de los guerrilleros de Azagala, Cesar Llorente: "Cuando decidieron pasar a la zona republicana a traves de la Sierra de Munsalud, ninguno de ellos conocía una ruta que les asegurara la marcha. Aquellos terrenos eran completamente desconocidos... Un pastor conocedor de aquellos lugares se ofreció para guiarlos a cambio del pago de 2.000 pesetas, cantidad importante en aquellos momentos. Al carecer de tal cantidad, Llorente propuso ir a visitar, en las dehesas de Mayorga, a un hacendado conocido quien seguramente no les negaría aquella cantidad.
Los guerrilleros, según nos sigue contando E. Santos, lograron hacerse con ese dinero que les sirvió para llegar a territorio republicano.

La versión que narra E. Nelken también difiere: “Al día siguiente también llegaron a la sierra de los Picorros, donde tuvieron un gran encuentro. Eran tres pastores con su ganado; tres pastores que al verse rodeados por aquellos desconocidos se echaron a temblar, seguros de haber caido en poder de los facciosos. Cuando se convencieron de que se trataba de “rojos” fue tan grande su entusiasmo que abandonaron su ganado y se ofrecieron para guiarlos hacía Don Benito.(añadido 3.2.09)

El día 13 de febrero los guerrilleros que han quedado en la zona interceptan un coche en el sitio denominado Las Calderas. El falangista y tratante de ganado U.P y el guarda M.M aparecen muertos. El requeté J.G desaparece, unos días despues un cuerpo en avanzado estado de descomposición aparece en la ribera a la altura de Villar del Rey. Las autoridades franquistas estiman que es el suyo. El chofer J.C desaparece, dandose el caso de que hay personas que dicen haberlo visto con posterioridad en Castuera. En el consejo de guerra contra “El Teto” se mencionará un segundo tratante de ganado (en un principio la información que manejan las autoridades municipales de Alburquerque habla tambíen de cinco personas).

El 22 de marzo A.M. en cuya inscripción figura “asesinado por los rojos” aparece muerto en la zona conocida como Painegro y el 18 de junio el guarda U.P apareció ahorcado en la dehesa del Prior, lo que también se atribuye a los huidos.

Hay testimonios de que una parte de los huidos se mantuvo durante toda la guerra en la zona, a pesar de que el castillo de Azagala había sido ocupado por las fuerzas sublevadas. Muchos de los guerrilleros de Azagala, tras pasar las líneas franquistas, se integrarían en el Ejercito Popular de la República y algunos formarían parte de las partidas guerrilleras del XIV cuerpo de ejército guerrillero.

Bibliografía:

BEEVOR, ANTONY. La guerra civil española. Critica (2006)

BURGOS MADROÑEDO, MANUEL. Crónicas portuguesas de la Guerra Civil 1936. Los informes consulares de Andalucía y Extremadura (PDF)

CHAVES PALACIOS, JULIÁN (Coordinador) Memoria histórica y guerra civil: Represión en Extremadura. Diputación de Badajoz (2004)

ESPINOSA MAESTRE, FRANCISCO. La columna de la muerte. El avance del ejército franquista de Sevilla a Badajoz. Critica (2007)

ESPINOSA MAESTRE, FRANCISCO. La columna de la muerte. Anexos. (PDF)

FIGUERES, jOSEP M. Periodismo de guerra: Las crónicas de la guerra civil española. (PDF)

LÁZARO. Guerrilleros de Extremadura. Sociedad General de Publicaciones. Barcelona (1937)

OLMEDO ALONSO, ÁNGEL (Director) Espacios, lugares y personas de la guerra civil en la provincia de Badajoz. Diputación de Badajoz (2005)

PONS PRADES, EDUARDO. Guerrillas españolas (1936-1960) Planeta (1977)

PONS PRADES, EDUARDO. Los niños republicanos. Oberon (2005)

SANTOS, E. “El secretario”. Revelaciones sobre la guerra civil en Badajoz. Imprenta Campini. (1984)

VILA IZQUIERDO, JUSTO. La guerrilla antifranquista en Extremadura. Universitas editorial (1986)

VILA IZQUIERDO, JUSTO. Extremadura: La guerra civil. Biblioteca popular extremeña. Universitas editorial. (Enero 1984)

PARSHINA, ELIZAVETA. La brigadista. RBA (2005)

OTRAS FUENTES:

Libros de actas y material de archivo del Ayuntamiento de Alburquerque.

Causa General. Ramo de Alburquerque (Archivo Histórico Nacional)

Ocupación Sierra Alpotreque.(Archivo General Militar de Avila)

Testimonios recogidos por el Colectivo Memoria de Futuro (2008-2009) y por el equipo de Ángel Olmedo durante la intervención en la mina de Valdihuelo (2003)

Carmen Eva Nelken. "Historia de una guerrilla" El Pueblo Manchego 4 de marzo de 1937.

HERRERA PETERE, JOSÉ. Cumbres de Extremadura. Novela de guerrilleros. Anthropos (1986)

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